Rubén Guzmán y Sergio Reyes abordan cómo la transición energética está transformando las condiciones para invertir, la relación entre sostenibilidad y rentabilidad, y el rol que tendrán las finanzas y las políticas públicas para construir un sistema energético más resiliente hacia el 2030.
Rubén Antonio Guzmán Quintana | Ministerio de Energía
Rubén Antonio Guzmán Quintana se desempeña como Jefe de la Unidad de Economía Energética y Sostenibilidad del Ministerio de Energía. Desde su experiencia en políticas públicas, análisis económico y mercados energéticos, aborda las condiciones que requiere la transición energética para compatibilizar inversión, desarrollo y sostenibilidad.
Desde la perspectiva de las políticas públicas, ¿qué condiciones son necesarias para que los proyectos e inversiones que requiere la transición energética puedan desarrollarse de manera sostenible y viable?
Las políticas públicas deben articular acciones coherentes para fortalecer y ampliar las redes de transmisión, facilitando la integración de renovables y reduciendo vertimientos. Es clave preservar la estabilidad regulatoria y la certeza jurídica mediante la regularización de procesos tarifarios pendientes, resguardando la previsibilidad de las inversiones sobre una institucionalidad técnica y autónoma del ciclo político. La viabilidad de los proyectos requiere una gestión territorial coordinada y una inserción temprana de los desarrolladores en los territorios para promover el diálogo y el valor compartido con las comunidades. Finalmente, se debe modernizar la distribución eléctrica mediante regulación basada en desempeño, impulsando calidad, resiliencia, digitalización e innovación tecnológica.
¿Qué aprendizaje de tu trayectoria profesional ha sido especialmente relevante para entender la relación entre energía, desarrollo e inversión?
Uno de los principales aprendizajes de mi trayectoria profesional ha sido comprender que la energía no es solo un insumo productivo, sino un habilitador fundamental del desarrollo económico y social.
Mi experiencia en análisis de datos, evaluación de políticas públicas, mercados e inversiones me ha permitido constatar la estrecha relación entre una energía segura, competitiva y sostenible, y la capacidad de un país para atraer inversión, generar empleo y mejorar la calidad de vida. Esta visión se materializa mediante herramientas como la planificación de largo plazo, la evaluación económica y el análisis regulatorio. He comprobado que regulaciones sólidas y una estrategia de Estado de largo plazo son esenciales para impulsar inversiones privadas alineadas con la descarbonización y el crecimiento productivo.
Sergio Reyes | Pacific Hydro Chile
Sergio Reyes es Gerente de Finanzas Corporativas de Pacific Hydro Chile. Desde su rol en el ámbito financiero, analiza la relación entre rentabilidad y sostenibilidad, y plantea cómo el rol del CFO deberá evolucionar hacia una mirada cada vez más integral, capaz de incorporar variables financieras y no financieras en las decisiones estratégicas de largo plazo.
¿Cómo equilibras las necesidades de rentabilidad de la organización con sus compromisos de sostenibilidad?
Para mí no son objetivos contrapuestos. La sostenibilidad bien integrada a la estrategia permite proteger y crear valor en el largo plazo. Nuestra Estrategia Corporativa de Sostenibilidad se basa en cinco pilares, con objetivos, metas, responsables e indicadores. Esto nos ha permitido fortalecer el Comité de Sostenibilidad y la Política Corporativa; incorporar la doble materialidad y la participación de distintas áreas y grupos de interés; y conectar la gestión ESG con la planificación, los riesgos y la toma de decisiones de la compañía. Desde Finanzas, el desafío es evaluar las decisiones considerando no solo su retorno económico, sino también los riesgos ambientales, sociales y regulatorios que pueden afectar ese retorno en el tiempo.
En Pacific Hydro buscamos que esos criterios formen parte de la planificación, la gestión de riesgos y las decisiones de inversión. Eso implica mantener disciplina financiera, pero también anticiparnos a variables como el cambio climático, la gestión de recursos, las relaciones con las comunidades y las nuevas exigencias del mercado. Una empresa más resiliente y capaz de gestionar adecuadamente estos factores también está mejor preparada para sostener su rentabilidad futura.
Mirando hacia 2030, ¿qué crees que será lo más diferente de tu rol respecto de lo que haces hoy?
Creo que el rol del CFO será mucho más integral. Finanzas seguirá siendo responsable de la rentabilidad, la liquidez y la disciplina de capital, pero tendremos que incorporar cada vez más variables que antes se analizaban por separado y que hoy son un tema central que deben estar bien equilibrados; muy en línea con el Trilemma Energético que promueve WEC, por ejemplo. Los riesgos climáticos, desempeño ESG, capital humano, resiliencia operacional, nuevas tecnologías y escenarios regulatorios serán cada vez más exigentes y debemos tener la capacidad de adaptarnos y equilibrarnos para proteger la sostenibilidad de la industria.
Hacia 2030 espero que muchas de estas dimensiones estén completamente integradas en los modelos financieros y en la asignación de capital. El CFO tendrá que combinar información financiera y no financiera para anticipar riesgos y oportunidades, y traducirlos en decisiones concretas, muy vinculado a otras áreas de la compañía que proveen de información e insight muy relevante para construir esta mirada completa. Más que mirar únicamente el desempeño pasado, nuestro rol será ayudar a la organización a entender qué decisiones de hoy permiten proteger y generar valor sostenible en el futuro.