La inteligencia artificial ya está dejando de ser una tecnología que se observa desde lejos. Está entrando en los procesos, modificando la forma de trabajar y abriendo nuevas posibilidades para las organizaciones. Pero junto con las oportunidades aparecen preguntas que requieren una mirada más profunda: ¿cómo aprovechar su potencial sin perder aquello que hace valiosa la experiencia humana? ¿Cómo innovar con confianza y responsabilidad?
Esas fueron algunas de las preguntas que estuvieron en el centro de “Entre nosotros: la IA como aliada”, encuentro organizado para las integrantes de la octava generación de Women in Energy de WEC Chile, que tuvo lugar en las oficinas de Deloitte.
La actividad permitió dar continuidad a la conversación que Women in Energy ha venido desarrollando en torno a la inteligencia artificial, pero poniendo esta vez el foco en cómo las organizaciones están enfrentando concretamente su adopción y cuáles son los desafíos humanos y culturales que surgen a medida que estas herramientas adquieren un rol cada vez más relevante.
La jornada comenzó con las presentaciones de Claudia Cornejo, Socia Technology & Transformation, y Jaime Caiceo, AI & Data Lead Partner, ambos de Deloitte, quienes entregaron un contexto sobre la evolución de la inteligencia artificial generativa y su impacto en las organizaciones.
Entre los antecedentes presentados, destacaron que el 88% de las organizaciones ya utiliza inteligencia artificial, aunque solo un 34% la está utilizando para reinventar realmente su negocio. También se abordó la evolución desde una IA asistida, que recomienda acciones y amplifica las capacidades humanas, hacia una IA autónoma, capaz de planificar, decidir y ejecutar tareas dentro de objetivos definidos.
La presentación puso especial énfasis en la necesidad de que el cambio no se concentre exclusivamente en la tecnología. De acuerdo con los antecedentes expuestos, actualmente el 93% de la inversión en iniciativas de IA está destinada a tecnología y solo un 7% a las personas, mientras que las organizaciones que adoptan un enfoque centrado en las personas tienen mayores probabilidades de obtener retornos superiores a sus expectativas.
Durante la exposición se abordó el enorme potencial de la IA para reducir costos, acelerar la innovación, mejorar procesos y generar nuevos descubrimientos, pero también la brecha que todavía existe entre su adopción y la capacidad de las organizaciones para utilizarla estratégicamente.
Innovar con confianza y responsabilidad
A continuación se desarrolló un panel moderado por Soledad Herrero, directora del programa Women in Energy de WEC Chile, que permitió llevar la discusión desde la perspectiva tecnológica hacia las experiencias concretas de las organizaciones.
Sergio Sánchez, Gerente de Tecnologías de la Información de Grupo Saesa, explicó que la compañía inició un proceso de adopción de inteligencia artificial de manera descentralizada, a través de distintas unidades de negocio, incorporando productos inteligentes. Esta experiencia mostró cómo la IA puede comenzar a integrarse directamente en las distintas áreas de una organización, a partir de necesidades y oportunidades específicas.
Por su parte, Pamela Valdivia, Gerenta de Sistemas de CGE, puso el foco en los riesgos asociados a la información generada por estas herramientas. Advirtió sobre el potencial descrédito profesional que puede producir la circulación de información falsa o infundada, especialmente cuando se atribuye a sistemas de IA un nivel de confiabilidad que no necesariamente tienen. En este contexto, destacó también la obligación de las empresas de resguardar los datos sensibles y personales que utilizan en sus procesos.
La confianza fue precisamente uno de los conceptos centrales planteados por Mariana Pavón, Gerenta de Asuntos Corporativos y Soluciones Digitales de ENGIE Chile, quien destacó su importancia tanto en las relaciones humanas como en las relaciones corporativas. En su opinión, la incorporación responsable de IA requiere avanzar en marcos regulatorios, reglas claras y mecanismos de supervisión humana que permitan aprovechar la tecnología sin perder de vista sus posibles impactos.
Pavón también relevó un desafío para las organizaciones: más que restringir el impulso innovador de sus colaboradores, es necesario direccionarlo. En un escenario donde las personas ya están experimentando con nuevas herramientas, el desafío consiste en generar espacios para que esa innovación pueda desarrollarse de manera segura, responsable y alineada con los objetivos de la organización.
Desde la perspectiva de las operaciones, Pedro Febre, O&M Manager de Tinguiririca Energía, llamó la atención sobre otro riesgo: confiar ciegamente en los resultados generados por las máquinas.
A su juicio, la tecnología puede convertirse en una poderosa herramienta de apoyo, pero no debería reemplazar el valor agregado que aportan el juicio, la experiencia y la capacidad de las personas para interpretar una situación y tomar decisiones. En ese sentido, destacó la importancia de mantener una actitud de aprendizaje y adaptación continua frente a la velocidad con que evolucionan las tecnologías.
La IA como aliada, no como reemplazo
Las distintas perspectivas compartidas durante la jornada coincidieron en que la discusión sobre inteligencia artificial no puede limitarse a sus capacidades tecnológicas.
La verdadera transformación implica repensar cómo trabajan las personas, cómo se toman decisiones, cómo se construye confianza y cómo se genera valor en organizaciones donde humanos y sistemas inteligentes comienzan a interactuar de manera cada vez más estrecha.
En ese escenario, el desafío para las empresas no parece ser escoger entre personas o tecnología, sino encontrar la mejor forma de hacer que ambas capacidades se complementen: utilizar la IA para ampliar las posibilidades de las personas, al mismo tiempo que se preservan el criterio, la responsabilidad, la experiencia y la confianza como elementos esenciales de cualquier organización.